DE ALLENDE AL PACTO HISTÓRICO EN COLOMBIA

A 48 años del golpe de Estado en Chile, que acabó con el primer gobierno socialista en Suramérica. ¿Qué enseñanzas podríamos rescatar hacia un probable gobierno progresista en Colombia? Este 11 de septiembre, es la oportunidad de recordar cómo la derecha latinoamericana prescinde de la democracia, cuando esta se pone a favor de los pueblos.


Hoy cuando, no solo Chile vivencia un estallido social, el ejemplo humanista y sincero de Salvador Allende debe ser un referente para las nuevas generaciones que buscan un mundo más justo, donde las grandes alamedas se abran a hombres y mujeres libres.


Siempre será un atrevimiento comparar los momentos políticos de los países, por más similitudes que se puedan establecer. Aunque los últimos años, nos acostumbremos a mirar casi en paralelo la crisis del modelo neoliberal en Chile y Colombia, que tiembla ante el avance popular.


Corrían los años de la Guerra Fría, el gobierno republicano de Richard Nixon, se encontraba en el prólogo del caso Watergate y el ocaso de la guerra de Vietnam, cuando la CIA logra concretar el golpe militar, el 11 de septiembre de 1973.


Una operación que había sido decidida desde el triunfo electoral de Salvador Allende, producto de una alianza de sectores de izquierda y progresistas denominada Unidad Popular, en septiembre de 1970. Dado que para EE.UU., la posibilidad de un avance de los partidarios del socialismo en América Latina por vía democrática, representaba el fin de una narrativa que lograba equiparar al comunismo con autoritarismo.


En este sentido, la vía "chilena al socialismo" retomaba la esperanza de sectores socialdemócratas y progresistas, que habían visto cómo la derecha militar, el empresariado norteamericano y la CIA, habían acabado con el gobierno nacionalista de Árbenz en 1954, que había sido electo en Guatemala con apoyo de la izquierda.



Por lo que tras el triunfo armado de la Revolución Cubana en 1959, las tesis electorales o reformistas habían perdido fuerza para la mayor parte de la izquierda latinoamericana.


En este sentido, la primera relación que podríamos establecer entre el proyecto de la Unidad Popular chilena, en los años setentas, y el Pacto Histórico de Colombia, en la actual coyuntura, es su talante democrático. Ambos procesos recobran la esperanza en un triunfo popular por la vía electoral, en detrimento de otras posturas más beligerantes.


Ciertamente, el proceso de paz vivido en Colombia desde 2016, permitió una apertura democrática que pese a los vaivenes, sabotajes e incumplimientos, ha derivado en avances electorales nunca antes vistos para los sectores progresistas.


Logrando más de ocho millones de votos en la segunda vuelta presidencial de 2018, a favor del ex-alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. El cual, lidera actualmente el "Pacto Histórico" y todas las encuestas, a siete meses de la primera vuelta presidencial de 2022.


Sin embargo, un triunfo electoral no es garantía de cambio, como lo comprueba justamente el caso de Allende, y otros tantos procesos frustrados en Nuestra América durante las últimas décadas.


Por ello, debemos considerar como variables y enseñanzas de la experiencia chilena, la profundidad de la injerencia norteamericana en las instituciones, las posibilidades de sabotaje económico y las contradicciones internas de los proceso de cambio.


INJERENCIA INSTITUCIONAL


Después de la Segunda Guerra Mundial, como parte de la Doctrina de Seguridad Nacional de EE.UU. y producto de los acuerdos derivados de la Junta Interamericana de Defensa, gran parte de los altos mandos militares de Latinoamérica pasaron por la antigua "Escuela de las Américas" que desde 1946 hasta 1984 funcionó en la ocupada zona del Canal de Panamá, posteriormente trasladada al estado de Georgia, EE.UU. y desde 2001 denominada Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad.


Durante el golpe militar de 1973 en Chile y la posterior dictadura de Augusto Pinochet, egresados de esta escuela militar como Raúl Iturriaga Neumann, Manuel Contreras, Miguel Krassnoff, José Octavio Zara Holger y Christoph Willeke Flöel, fueron culpables de múltiples casos de violación a los derechos humanos como desaparición y asesinato selectivo. Estos militares fueron determinantes, según informes de la misma CIA, para la ejecución del Plan Cóndor en territorio chileno.


De esta manera, la injerencia institucional posibilitada mediante "acuerdos de cooperación", representan una amenaza ante un eventual gobierno progresista en Colombia. Teniendo como referencia no solo los golpes militares en el Cono Sur, sino también un largo historial de intervención norteamericana en países que cambian hacia un signo político que pueden considerar desafiante de sus intereses.


Actualmente, la táctica establecida por el Departamento de Estado es la Guerra de Cuarta Generación y el Golpe Blando, dado que el apoyo a dictaduras militares como las vividas en los años setentas, es inviable políticamente. Por ende, estos acuerdos de cooperación militar son solo una parte del arsenal operativo que alcanza a influir en otros sectores que van desde el poder judicial hasta el activismo en DDHH y las ONGs.


El cambio político en Colombia debe implicar la renegociación de estos acuerdos y el multilateralismo. Además, el fin de la presencia de tropas norteamericanas en bases militares colombianas acordada en 2009, la cual ha sido justificada y camuflada de diversas maneras tras la declaración de inexequible, por parte de la Corte Constitucional en 2010.


Estas renegociaciones deben tener un componente diplomático y mediático muy importante, dado que los sectores militares colombianos y gran parte de la sociedad colombiana, son proclives hacia la intervención norteamericana.


Múltiples analistas reconocen que una de las falencias del proceso chileno, era el casi nulo apoyo a Salvador Allende en las tropas. Lo que paradójicamente, lo llevó a nombrar como general a Pinochet, quien luego comandaría el golpe militar.


Así, una de las primeras tareas de un gobierno progresista debe ser ganarse la simpatía de las fuerzas militares, como parte de la gobernabilidad. Lo que se complejiza si sus altos mandos han sido formados por potencias extranjeras con intereses económicos, políticos y culturales tan profundos.



SABOTAJES ECONÓMICOS


Una de las estrategias más efectivas para debilitar al gobierno de la Unidad Popular, empleada por la derecha y la CIA fue el sabotaje económico, que inició con un paro de camioneros en octubre de 1972. El desabastecimiento provocado buscaba desgastar el liderazgo de Salvador Allende en las clases populares y permitir cambios en el gabinete.


La crisis económica provocada durante un periodo de recesión, llevó a un fenómeno hiperinflacionario y el surgimiento de mercados irregulares, lo cual fue magnificado por el diario El Mercurio. Conjurando el apoyo de gremios económicos hacia una salida militar contra el gobierno de Allende.


Lo cual, en un posible gobierno del Pacto Histórico, puede ser una de las primeras coyunturas. Dado que grupos económicos vinculados al uribismo como Analdex, ANDI y Fedegan estarían dispuestos a generar corridas cambiarias, fuga de capitales y desabastecimientos. Al igual, que la concentración de medios de comunicación en corporaciones financieras, facilitarían la tarea de desprestigio.


Por ello, una de las primeras acciones emprendidas por Gustavo Petro, ha sido ganarse el beneplácito de los mercados y dialogar con empresarios de peso como Jean Claude Bessudo, entre otros. Una confrontación con estos sectores, sin contar con un sindicalismo robusto, es un harakiri político.


Durante la época de Allende, la tasa de sindicalización en Chile era del 34% y en Colombia ronda actualmente el 4.6% , según la Escuela Nacional Sindical durante 2020. Lo que evidencia la fragilidad de los sectores populares en términos gremiales frente al capital concentrado.



CONTRADICCIONES INTERNAS


El Pacto Histórico, al igual que la UP chilena, es un frente de partidos con posiciones y trayectorias muy diferentes. El entendimiento sobre acuerdos fundamentales durante la campaña electoral suele fundirse en los resultados y la distribución del poder conforme a ellos, suele dejar grietas.


Además, cuando las agendas políticas de sectores al interior de este tipo de articulaciones son antagónicas, es inevitable que la correlación política con los agentes externos pueda cambiar tras las primeras crisis.


En el caso chileno, se suele señalar que el vanguardismo de sectores estudiantiles que buscaban impulsar una reforma universitaria de valores socialistas, fue el leitmotiv de la violencia política de los sectores liberales y socialcristianos al derechizarse. Sumado a la intransigencia del Partido Socialista de ampliar el cogobierno con sectores de la Democracia Cristiana, lo que derivó en una mayoría política golpista en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973.


Con la derrota parlamentaria, la crisis económica y el Plan Cóndor en marcha. Las discusiones al interior de la UP, generaron otro frente de batalla política que llevaron a Allende a ceder en la realización de un plebiscito, para respaldar las reformas económicas que había nacionalizado la explotación de cobre. Aunque ya era muy tarde, tras perder el respaldo de los altos mandos militares y el control del poder legislativo.


Hace pocos días, Yezid Arteta, escribía en su artículo titulado "dieta para que la izquierda se mantenga en forma", uno de los principios básicos que ha permitido a los partidos amplios y frentes políticos más sólidos, conservar la unidad y que seguramente fallaron en los momentos más críticos del gobierno de Allende: que todo se puede discutir, pero las decisiones se acatan. Prolongar los debates demasiado es un vicio, como también lo puede ser el verticalismo.


En conclusión, nuestro afecto por la mítica figura del compañero presidente, Salvador Allende. Nos debe permitir no solo la evocación, sino también la autocrítica en su sentido más amplio.


Recordamos, en este día tan sensible, sus discursos lúcidos y llenos de esperanza, como aquél que diera en la Universidad de Guadalajara en 1972. Ese hombre de paz y democracia, que fue asesinado por los intereses más oscuros, traidores y antipatriotas que haya conocido Nuestra América. Debe también iluminar nuestras acciones y aprendizajes, en esta tarea de la construcción de este gran pacto hacia una sociedad justa para los pueblos de Colombia.








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