La verdad es un mito

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Desde el momento en que Prometeo roba el fuego en el Olimpo, como nos lo contó Esquilo (525-456 a.C.) y la literatura de la Antigua Grecia, los hombres han pretendido dominar esa luz que representa la verdad, con un éxito relativo. 

 

Las consecuencias de  este impertinente acto llevó a Zeus a condenar a Prometeo, sufriendo encadenado a un peñasco, donde por la mañana llegaba un águila a comerse su hígado. Éste se regeneraba en la noche, dado que Prometeo era un Titán, inmortal e hijo de los dioses. Al día siguiente, regresaba el águila a comerse su hígado. Interminable sufrimiento por llevar la verdad a los hombres.

 

Esta figura de la luz, connota el des-ocultamiento de las figuras que se encuentran en la oscuridad. Platón (427-347 a.C.), así nos lo hace saber con el Mito de la Caverna. ¿Qué hacer frente al des-ocultamiento? Iluminar.

 

Platón, plantea que quien logra encontrarse frente a la luz, es decir, salir de la caverna, tiene un impulso a develar esta nueva realidad a sus compañeros. Pero éstos no son convencidos, ya que están seguros que las sombras dentro de la caverna son lo real. Están acostumbrados a vivir dentro de la certeza de las sombras, negándose a huir hacia lo incierto del afuera. 

 

La verdad en la Antigua Grecia será, por lo tanto, realidad. En este sentido, el camino de la verdad tiene una correspondencia con los hechos. Para Aristóteles(384-322 a.C.), se comprende la verdad de los hechos inductivamente en contraposición a su maestro Platón, quien propone el método deductivo. 

 

El método inductivo es el que va de lo particular hacia lo general, mientras que el deductivo supone el camino en dirección contraria. Para Platón la realidad es lo opuesto a lo sensible, la idea es la realidad y lo sensible pura apariencia. Mientras en Aristóteles, lo sensible es parte del conocimiento, al afirmar: “nada hay en el raciocinio que no haya pasado antes por los sentidos”.

 

Esta dicotomía, quedaría en suspenso cuando el Imperio Romano se expande hacia Grecia y Oriente Medio. Y posteriormente, el emperador Constantino (272-337 d.C.) se convierte al cristianismo. Para la nueva religión del Imperio, los planteamientos del platonismo concordaban como anillo al dedo. La verdad, y por ende la realidad, es una revelación. El mundo era el centro de la creación, porque el hombre había sido hecho a imagen y semejanza de Dios. El conocimiento solo era posible acercándose a la palabra de Dios.

 

En el siglo XIII Santo Tomás de Aquino (1224-1274), concilia al cristianismo con Aristóteles al plantear que las causas de las que hablaba en la Metafísica, eran parte de las cinco vías de la demostración de la existencia de Dios: movimiento, eficiencia, contingencia, perfección y finalidad. Estos planteamientos de Tomás de Aquino  se encuentran en la Santa Suma Teológica, su obra más importante.

 

Esta visión de la escolástica católica que duró toda la Edad Media, empezó a cambiar a partir de la teoría heliocéntrica de Copérnico (1473-1543) y la Revolución Científica. El Renacimiento, que había puesto al hombre en el centro de la creación dió paso a la época Moderna.

 

El mundo se presentaba ante el hombre nuevamente, y es por medio de las propias capacidades humanas, que es posible el conocimiento.Sin embargo, ¿cómo se sucedía dicho proceso? Nuevamente la dicotomía entre la realidad y pensamiento surge, en forma de esencia y existencia, entre sujeto y objeto.

 

Por parte de los racionalistas, el precursor fue René Descartes, quien afirmó "pienso, luego existo". Poniendo a la esencia como condición primaria de la existencia, del devenir. Puedo poner en duda todo, menos que estoy dudando, por lo tanto estoy pensando. Y si pienso, luego existo. La verdad será aquello claro, evidente y distinto que puede alcanzarse sólo mediante la razón. Dado que los demás atributos son efímeros y contingentes. 

 

El método científico de carácter inductivo marcaría, por su parte, a la filosofía empirista representada por Locke, Berkeley y David Hume. Este último, célebre por afirmar que las ideas son copias de las impresiones que captamos del mundo sensible. En este sentido, la existencia de Dios es una copia maximizada de la perfección y bondad que podemos encontrar en la impresión que tenemos de nosotros mismos.  

 

La dicotomía entre empiristas y racionalistas, se difumina en la obra de Immanuel Kant.  Dado que el ser humano tiene unas facultades a priori, es decir, que tiene la disposición mental (entendimiento) antes de  cualquier experiencia que le permite adquirir conocimiento. 

 

¿Cómo podría un cálculo matemático prever un hecho de la experiencia? Kant determina tres tipos de juicio a saber: 


 

 

 

De esta manera es posible el conocimiento científico, universal y necesario, tanto por medio de la razón como por medio de la experiencia. Comprendiendo el rol activo del entendimiento como facultad a priori del ser humano. 

 

Hegel introduce dos nociones fundamentales para toda la historia de Occidente, la dialéctica como despliegue de la razón histórica entre lo subjetivo y lo objetivo; y , el concepto de Espíritu Absoluto. Este último puede ser entendido como sistema. 

 

Siguiendo a este filósofo alemán, la verdad es la síntesis de la lucha dialéctica entre una tesis y una antítesis. Es una verdad histórica como parte del despliegue del Espíritu Absoluto. Esos momentos son los que Hegel, denomina “astucias de la razón”, donde el hombre cree que tiene control de sí y es el final de las contradicciones. 

 

El ejemplo de ello, sería para Hegel (1770-1831), la Revolución Francesa que sería el sueño de libertad absoluto del Espíritu. Donde después de la tragedia de su fracaso, al asesinar no solo al pasado y sus defensores, sino también a los mismos revolucionarios. Solo queda la reconciliación con el Espíritu mismo y el final de la historia. 

 

La lógica dialéctica hegeliana es retomada con fuerza por los académicos de la Europa continental, durante el siglo XIX y el siglo XX, Karl Marx (1818-1883) sería sin duda el más famoso de todos ellos. 

 

Su pensamiento llevó a la transformación política más importante desde la Revolución Francesa, el surgimiento del socialismo real después de la Revolución Rusa de octubre de 1917 y la creación de la URSS, lo que inspirará múltiples revoluciones y cambios políticos en todo el planeta.  

 

Marx planteó que la historia era la historia de la lucha de clases, definiendo la dicotomía capital-trabajo del capitalismo y su superación en el socialismo como paso previo hacia el comunismo. Que cumpliría las veces de síntesis de la historia, al modo de materialización de la dialéctica histórica. La verdad es producto de la lucha de clases, depende de quién domina a quién. 

 

Durante el S.XIX y principios del S.XX, las sociedades industriales crearon una nueva clase social, el proletariado. Las organizaciones obreras y campesinas abrazaron los postulados del socialismo en búsqueda de una vida más digna.

 

Por su parte, el liberalismo abrió filosóficamente dos campos, uno heredero de la filosofía historicista y otro más ligado al lenguaje. Dichas corrientes denominadas continental y analítica, respectivamente. 

 

A principios del S.XX, al otro lado del Atlántico, el pragmatismo se erigió como la corriente heredera del empirismo inglés. Teniendo como máxima la utilidad de las teorías, es decir, la verdad es una cuestión práctica. Lo verdadero es lo que en la práctica cumple con su propósito y puede ser verificado.  Los exponentes más conocidos de esta corriente son Dewey, James y Peirce. 

 

Dentro de las corrientes de la filosofía Moderna, se destaca la fenomenología como interpretación del mundo desde la experiencia de la conciencia misma, sin intentar definir al mundo por fuera de las formas que se nos presenta. Para Heidegger (1889-1976), referente de esta manera de hacer filosofía, ésto sucede por medio del lenguaje.

 

“El lenguaje es la morada del Ser, y en ella, habita el hombre”, afirmaba. La verdad transita entre un ocultamiento y un des-ocultamiento de las cosas. Por ejemplo, la naranja se nos muestra como fruto ocultando su jugo y mostrándonos su piel. La verdad de la naranja son todas sus posibilidades y experiencias, no existe un esencialismo por fuera del ser-en-el-mundo. Pero todas esas posibilidades y experiencias emergen a los hombres mediante el lenguaje. 

 

Las divisiones políticas en el marco de la Guerra Fría, pone el acento en las relaciones de poder. A mediados del S.XX, el estructuralismo emerge como teoría de explicar cómo opera dicho concepto en el lenguaje, la cultura y la economía-política. Los representantes más importantes son Jean Paul Sartre, Lévi-Strauss, Louis Althusser, Jacques Lacan, Jean Piaget y Michel Foucault. 

Para éste último, a cada época histórica corresponde determinada episteme, es decir, un orden social que se legitima a través de una forma de saber y un discurso sobre lo verdadero. El poder establece su verdad.

 

Ante la imposibilidad de la universalidad, por lo menos sincrónica, planteada por ciertos filósofos continentales europeos. Dado que las estructuras sociales se hacen complejas, históricas y heterogéneas cobra fuerza, en la segunda mitad del S.XX, la interpretación o hermenéutica.

La verdad es una interpretación históricamente situada, en palabras de Gadamer. Lo que en  Paul Ricoeur, sería una apropiación del ser-en-el-mundo como sucede con la exégesis de los textos. Participo de la verdad de "lo otro" o de lo otros, como cuando me adueño de algo que alguien  escribió. 

 

En este sentido, llegamos a finales del S.XX con una actitud de sospecha ante los grandes discursos sobre lo verdadero. Proceso que algunos denominan posmodernidad, segunda modernidad o transmodernidad. 

 

Ante la caída del Muro de Berlín, dicha actitud de sospecha pasa a pensar en una posible “superación” o culminación de la historia, en términos hegelianos. En boca de Francis Fukuyahama, en su obra “el fin de la historia y el último hombre” (1992), el liberalismo democrático sería la superación de todas las ideologías y el Nuevo Orden Mundial.

Esta visión, con diferentes apropiaciones entre defensores de la globalización y neoconservadores ha marcado el inicio del S.XXI, donde nos encontramos ante una supremacía del individuo sobre la realidad. La verdad carece de importancia, ya que lo virtual-discursivo cobra mayor relevancia frente a la realidad material. Algunos, denominan este fenómeno como posverdad, es decir, la verdad es un mito.