LA VOLUNTAD

Definir la voluntad en apariencia es fácil, es la exteriorización del querer en la acción. Sin embargo, marcaremos instintivamente una distancia frente al puro querer. Es una fuerza que nos impulsa, que no logramos aparentemente dominar y que se confunde también con la misma vida. 

 

Al detenernos ante este concepto, cabe identificar a dos pensadores claves en la filosofía occidental, Arthur Schopenhauer (1788-1860) y su discípulo Friedrich Nietzsche (1844-1900). Antagónicos en muchos aspectos, tienen como centro de sus reflexiones a la voluntad. 

 

Para el primero, todo parte desde una perspectiva epistemológica (filosofía del conocimiento) retomando la afirmación de Kant sobre la imposibilidad del conocimiento fenomenológico por fuera de las categorías humanas, por ende propone un camino de introspección para poder identificar al “yo puro”.

 

Este “yo puro”, en alusión clara a la filosofía oriental, solo era posible reconocerse mediante la meditación y apartando todo contenido del mundo en la consciencia. Esto fue denominado por Schopenhauer como “voluntad de vivir”. 

 

Por su parte, Nietzsche considera que el impulso de la voluntad no es solo sobrevivir, porque se estancaría. La vida se supera así misma, en el mismo deseo irracional de vencer a la muerte. Por eso, la voluntad es voluntad de poder, siempre se quiere más. Es un vacío existencial perpetuo casi equiparable al sentido de vivir. 

 

Cabe resaltar, que siempre que hablemos de Nietzsche nos encontraremos con múltiples interpretaciones, dado el estilo aforístico de escritura y la locura que lo acompañó en sus últimos años de vida. Sumado al uso póstumo e instrumental que realizó el nazismo de sus obras, gracias a la militancia de la hermana de Nietzsche en este partido político. 

 

En su genealogía sobre el nacimiento de la literatura trágica griega, Nietzsche contrapone los valores dionisíacos, aquellos que tienen que ver con las pasiones, frente a los apolíneos, que tienen que ver con el orden y la razón. En referencia a los dioses Dionisio y Apolo, presentes en la literatura griega. 

 

Para Nietzsche, los verdaderos valores de la vida son aquellos que tienen que ver más fielmente con  la voluntad de poder. Reconociendo, no solo lo pasional, sino también lo angustiante y doloroso. 

 

En este sentido, busca plantear que el modelo ético a seguir son los guerreros y, propiamente, la aristocracia como gobierno de los mejores. Estableciendo una crítica a los valores de los “débiles” que relaciona con el cristianismo, el platonismo e indirectamente atacando a las posturas idealistas que planteó su maestro Schopenhauer. 


 

Nos encontramos, por lo tanto,  ante una discusión recurrente en la filosofía, entre la pasión y la razón. Las emociones y el deber. Teniendo en cuenta estas perspectivas, nos proponemos a preguntar ¿Qué moviliza mi vida? ¿Hacia dónde va dirigida mi voluntad, hacia lo dionisiaco o lo apolíneo? ¿Por qué ciertas cosas me motivan más que otras?